Tenemos que ser conscientes, de que la construcción del concepto “coeducación” se desarrolla inherentemente en función de una evolución de la concepción social del concepto de “educación”; según vaya evolucionando las connotaciones del concepto “educación”, irá desarrollándose paralelamente, el concepto de “coeducación”, porque el desarrollo de éste último solo se puede explicar dentro de una línea cronológica-consecuencial de acontecimientos históricos, políticos, sociales, culturales y económicos.

 

Haciendo un poco de historia sobre la educación que ha tenido la mujer y el hombre a lo largo de la historia de la humanidad, conseguiremos tener una visión consecuente de la actualidad. Si viajamos un poco en el pasado (para entender nuestro presente), observaremos como en Esparta, allá por el siglo IX, la función del hombre era puramente bélica, debido a una concepción militar de la sociedad. Como educación y sociedad son dos realidades que fluctúan información, es predecible que la educación se entendiera en función de las concepciones militares de aquella época histórica. Desde pequeños, los niños, eran educados en el seno familiar con austeridad y rudeza, y a partir de los siete años, jóvenes de entre veinte y treinta años, se encargaban de la educación de estos niños en escuelas militares. Tanto era el fanatismo militar, que los niños que nacían con constitución débil o enfermiza, eran arrojados por el Monte Taigueta. Este infanticidio, estaba social y moralmente permitido por la estructuración-finalidad militar de la sociedad. En cambio las niñas, desde pequeñas eran educadas en las labores del hogar. Esta función educadora con la hija la cumplía exclusivamente la madre (tenía una función en esta sociedad guerrera, dar hijos fuertes, sanos y educados en la rudeza y en la austeridad), que también la educaba emocionalmente, para que cuando tuviera marido, fuese fuerte y fría cuando éste junto a su hijo tuviera que abandonar el hogar para ir a la guerra; austera y ruda en la educación de sus hijos, para que crecieran como guerreros con una personalidad fría. En este intervalo de tiempo, podemos comprobar con la concepción del término educación, es influido, por la concepción de la realidad social de ese intervalo de tiempo. Esta dinámica entre educación-sociedad, es inevitable a lo largo de toda la historia.

 

Quinientos años más tarde nos encontramos con Jenofonte (450-355), que puede ser otro hito de la historia femenina. Al igual que Esparta, la concepción de la educación del hombre era militar, de servir a su patria. Hasta los dieciséis años, la educación de los niños estaba vigiada de ancianos de moralidad intachable, que cuidarían de que la juventud reciba buena educación física y moral. De los dieciséis a los veinte años, estaban bajo periodo de formación militar. A los veinte años adquirían la categoría de guerreros y, con ella, todos los derechos y obligaciones de un ciudadano. Pero corrían malos tiempos para la educación de la mujer ateniense. Pericles defendía en su política, que lo mejor sería que no se hablara de la mujer en ninguna ocasión, solamente se tratarían con ellas para la función reproductora y de placer sexual. Estaban prácticamente apartadas de la vida social, solo se le permitían los cultos. Jenofonte, protestó ante esta concepción de la mujer. Defendía que la mujer debería de ser ama y señora del hogar, pero que se le debería de permitir progresar intelectualmente, aunque éste progreso intelectual tenía fines instrumentales domésticos. Vemos, como aunque la educación sea todavía dicotómica, nace un rayo luz en la permisión de que la mujer progrese intelectualmente, aunque en subordinación a su marido.

 

Fijémonos a continuación en Roma. La madre romana se encargaba de educar a los niños para que fuesen, alrededor de los quince años, buenos ciudadanos. Las niñas continuaban bajo la protección materna en la educación de las labores domésticas. Leamos a Hemodoro de Éfeso, coautor de la Ley de las Doce Tablas, conjunto de preceptos con los que se enseña a los niños el comportamiento a seguir, y el ideal de la formación femenina en el epitafio siguiente: “Extranjero, mi historia se dice con brevedad; escucha y lee con cuidado: Esta tumba tiene los restos de una mujer hermosa cuyo nombre fue Claudia. A su señor, lo amó con todo el corazón. Tuvo dos hijos; uno aún vive, otro lo tiene a su vera, sus palabras fueron tiernas, sus costumbres puras. Gobernó en paz su hogar. Supo usar la rueca y el telar”. Realmente es sobrecogedor, como las costumbres educativas se bañaban bajo un velo de aceptación social y moral.

 

Ya dentro de la influencia cristiana, podemos hablar de dos etapas. La Primera durante el tiempo de la clandestinidad y las persecuciones, hasta el edicto de Constantino en el año 313. Y la segunda, a partir de esa fecha. En el primer periodo la educación tiene un carácter puramente doméstico hacia las hijas. San Juan Crisóstomo decía que “cada casa cristiana era un santuario”. Los padres enseñaban a sus hijos todo lo que ellos sabían, a base de máximas religiosas y de historias sagradas. Todavía en esta primera época se organizaron en las catacumbas (especialmente en las romanas) escuelas para los niños y las niñas, pero sin distinción de sexos. Es durante el segundo período cuando surge una persona que se interesa abiertamente por la educación femenina. Se trata de San Jerónimo (340-420). Pide el máximo respeto por la personalidad de la niña, y que la educación se realice en un clima de dulzura y amor. Esto último, me hace pensar. Detrás de la “buena voluntad” de San Jerónimo, consecuentemente subyace (no sé si era consciente de ello o no) una educación puramente sexista. Hubiera sido mejor, pienso, esa educación en las catacumbas sin distinción de sexos.

 

Centrando nuestra vista en la Europa Cristiana de la Edad Media, vemos como a pesar de que la ideología religiosa-cristiana (desde un punto de vista teórico) defendía la igualdad de hombre y mujer en todos los aspectos, bajos los ojos de Dios; esta ideología a la práctica no se llevaba, ya que el hombre seguía teniendo preferencia ante la mujer. De hecho la iglesia reclutaba a sus vocaciones de entre los jóvenes que eran los que ejercían (y siguen ejerciendo) la parte fundamental en el ministerio apostólico. Pero incluso en las épocas más turbulentas que siguieron a la caída del Imperio Romano, se instruyó, aunque de manera deficiente, a las niñas y las doncellas.

 

Vamos viendo, como “pasito a pasito” la educación del hombre y la mujer (aunque todavía estrictamente dicotómica) va adquiriendo rasgos peculiares (todavía discriminatorios), pero que poco a poco estos rasgos van adquiriendo importancia positiva para la construcción lenta que va adquiriendo el paso del tiempo en la educación para la igualdad.

 

A medida que vamos adentrándonos en la Edad Moderna, vemos como la Reforma y la Contrarreforma no habían atendido excesivamente a la educación femenina. Más bien se habían preocupado de la educación de los muchachos. Pero la figura Juan Luis Vives (1492-1540), humanista y filósofo, sí se preocupo por ella, pero como siempre, desde un punto de vista de subordinación al hombre. En su obra, “La Educación de la Mujer Cristiana”, menciona lo siguiente: “la función primordial de la mujer es ser compañera inseparable del varón, no quiero decir que la educación de la mujer deba limitarse al conocimiento de las letras y las faenas domésticas. Se le puede permitir estudiar las letras clásicas, la retórica, la gramática y la poesía, permitiéndole la lectura de las obras de Platón, Cicerón, Séneca y Plutarco”. Se deja entrever, que aunque la educación tome un sesgo de igualdad de instrucción instrumental, se sigue educando en desigualdad cuando se dicotomiza las funciones y/o roles sociales dentro de la sociedad, por parte género masculino hacia el género femenino. Coetáneo de este autor, encontramos a Fray Luis de León, autor en 1583 de la obra pedagógica “La Perfecta Casada”, que como su nombre indica, va en la misma línea que venimos apuntando. Mencionando a Fenelón (1651-1715), otro hito significativo de esta época, escribió un tratado de pedagogía femenina titulado “La Educación de las niñas”, propugnando la instrucción general de la mujer, pero sin olvidar sus deberes maternales y domésticos. Características importantes de esta obra, que se extrapolaron a la educación general, fueron la importancia de que la educación fuese una actividad agradable, y que ésta se impartiera de tal forma que fuese el aprendizaje un gusto más que un esfuerzo. También podemos nombrar al Marqués de Condorcet, en el siglo XVIII, enciclopedista que aún su conocimiento del mundo, seguía pensando que la mujer se entendía en función del hombre, a pesar de reconocerle igual derecho a la instrucción.

 

El siglo XIX, trajo consigo un vigoroso movimiento a favor de la mujer. Todos, políticos, filósofos, novelistas y pedagogos han unido sus esfuerzos para lograr una valoración justa de la mujer. La educación femenina adquirió una enorme importancia. Una vez que la mujer fue instruyéndose, consecuentemente (hay que entender la consecuencia positivamente) vino la propia emancipación, fundamentalmente, a mitad de siglo, del movimiento de reivindicación del feminismo, que explicaremos a continuación.

 

¿Qué es el feminismo? Según la DRAE, que nos da dos acepciones, se describiría como: “Doctrina social favorable a la mujer, a quién concede capacidad y derechos reservados ante el hombre”, o bien, “Movimiento que exige para los hombres y las mujeres iguales derechos”. El feminismo tiene su origen en el revuelo social e ideológico que supuso la revolución francesa, pero que el código napoleónico consiguió disuadir años más tarde, con la condición tradicional de la inferioridad de la mujer. Seis décadas más tarde, Stuart Mill defendió que la sumisión de la mujer, tenía como consecuencia inmediata, una amputación de las posibilidades del género humano y un freno al progreso económico y social de la sociedad. La apertura de las grandes fábricas con la inserción de la mano de obra de la mujer pusieron las premisas necesarias para que surgiera la emancipación de la mujer como cuestión social, siendo el marxismo quién apoyó todo el movimiento obrero internacional femenino. Engels, Lenin, Marx, parten del supuesto de que “la emancipación de la mujer pasa necesariamente por su inserción en el proceso productivo, que se convierte así en un instrumento de liberación frente al estado de opresión y explotación a que le somete la vida familiar. Su independencia económica le va a traer como consecuencia una autonomía personal, que a la vez le hará reclamar igualdad de derechos y oportunidades”. Esto a mí, personalmente, no me convence del todo en la actualidad, ya que a esta ideología le falta un matiz, que no se recoge, y que es un problema femenino actual. ¿Cuántas mujeres trabajan, y no se libran de la opresión familiar-doméstica-hogar? En la actualidad vemos como la liberación de la opresión de la mujer en el hogar gracias al trabajo no es del todo tan positiva, como se muestra la ideología marxista, ya que mujeres que vuelven del trabajo a la hora que sea, se encuentran que ellas solas se tienen que enfrentar después de una jornada agotadora, sola (machistamente) a las labores del hogar. ¿Desopresión, o más opresión?

 

En la segunda mitad del siglo pasado la educación feminista cuenta ya con numerosas escuelas primarias en Europa y América. Un par de fechas significativas pueden ser éstas: en Alemania, en 1893 se abre el primer Gymnasium para niñas; en 1894 tuvo lugar el primer examen científico de maestras; en 1901 entra la primera estudiante en la Universidad; en 1908 se produce el acceso general de la mujer al estudio universitario; en 1918, la concesión de una cátedra especial para mujeres. En Austria se habían adelantado a muchas de estas fechas y resulta curioso saber que las universidades indias, la mujer logró la equiparación con el hombre antes de 1884. En EEUU el movimiento feminista logró el derecho de voto para la mujer en 1920, fecha posterior en más de medio siglo al reconocimiento del mismo derecho a la etnia negra. ¿Tan avanzados son los países desarrollados, como EEUU y España, que tardan más de cincuenta años en reconocer un derecho esencial, que países subdesarrollados lo admiten antes?, ¿habrá detrás de estos países desarrollados intereses políticos en cuanto al no reconocimiento del derecho de la mujer?. Si es así, poco inteligentes son.

 

Los años sesenta conocieron un resurgir del movimiento feminista, que había estado muy apagado en décadas anteriores. Este resurgir del que no solo ha vuelto a bajar, sino que ha ido in crecendo, puede deberse fundamentalmente a la situación de discriminación tanto en el trabajo como en la remuneración económica que sufrió y sufre la mujer por parte de un sociedad que no quiere dar a la mujer el lugar, que por derecho y dignidad de persona, exigen.

 

¿Cuál ha sido la temática femenina en este movimiento social reivindicativo? Pues su principal objetivo es disolver la visión de la sociedad sobre la visión del hombre como representante del sistema patriarcal, que encuentra su expresión en la familia, en la sociedad civil y eclesiástica, en la cultura y en la política; enfrentarse al capitalismo y organización social en la que la concepción actual de la familia, y la raíz cultural que ha creado esta visión. También ataca la moral tradicional cristiana por ser represiva y misógina con la mujer. ¿Y cuál es la estrategia a seguir por este movimiento para conseguir todo esto?

Las estrategias a utilizar son tres: una estrategia literaria, en donde mediante escrito de obras literarias se ponen de relieve los finos hilos de la represión hacia la mujer; una estrategia legal, mediante la concienciación y propagación de los derechos constitucionales de las mujeres a aquellas personas que no lo conocen, y una estrategia coeducativo, mediante la eliminación del lenguaje implícito de la educación. De esto último hablaremos a continuación con más detenimiento, ya que la “coeducación” es una temática social, impulsora de cambios, que va de la mano de lo discutido hasta el momento.

 

Vemos que al mirar la educación de la mujer a lo largo de la historia, veremos que desde siempre ha existido la preocupación de la formación de la mujer, pero podemos ver que esta preocupación va de la mano de grandes rasgos de subordinación de la mujer al hombre, por interés de una sociedad machista.

¿Cómo conseguir en este marco tan desolador una educación en igualdad? Pues como menciona una de las estrategias del movimiento feminista, una estrategia de concienciación debe de surgir, preferiblemente desde la temprana edad, siendo esta medida una prevención más que una intervención; hablamos de la coeducación.

 

Según la DRAE, la “coeducación” es la educación que se da juntamente a ambos sexos. Este término ha encauzado a confusiones prácticas, debido a una mala interpretación de la finalidad de este término. La coeducación llegó a entenderse como simplemente la unión de niños y niñas en la misma aula, pero el currículum implícito (u oculto) seguía dicotomizando, en función de intereses sociales, los roles en la sociedad del hombre y la mujer mediante una “violencia simbólica”, un “lenguaje implícito” y una “distinción en juegos escolares” desde la temprana edad. La coeducación no hay que entenderla desde una mera connotación de “emplazamiento”, sino desde una denotación de “educación para la igualdad”, en donde niños y niñas se desarrollen en un ambiente de respeto, tolerancia, justicia e igualdad, que consecuentemente, cuando lleguen a la vida a adulta comprenderán que el género opuesto es simplemente desde una perspectiva biológica, pero nunca desde una perspectiva social. Para ello, la escuela nunca debe de dicotomizar a los géneros, y esto se consigue acabando con los mensajes ocultos del currículum implícito, como también que niños y niñas se vayan distanciando debido a la “anatomía implícita” de los juegos escolares. Pero tampoco hay que entender la coeducación desde una perspectiva escolar, sino también desde una perspectiva familiar. En ésta se debe de transmitir valores de respeto, tolerancia, justicia e igualdad, cuidando los mensajes implícitos que se transmiten con el trato diferenciado entre el padre y la madre, y el trato de éstos frente a hijos e hijas, mediante la repartición de tareas en el hogar, comentarios sexistas, vocabulario sexista, regalos sexistas, series de televisión sexista, etc. Pero de qué sirve que se coeduque escolar y familiarmente, si después la sociedad no se deja espacio a este concepto. Pues las políticas de trabajo y de cualquier ámbito, debería de ser coherentes a estos presupuestos. Pero aunque la sociedad todavía sea machista, hay que seguir coeducando, porque ahí, está la clave.

 

Después de describir brevemente mi concepción del término coeducación, me gustaría mostrar a grandes rasgos, la evolución de la coeducación en España, según Marina Subirats:

- Entre 1970 y 78 se consolida la escuela mixta permitiendo un avance en la escolarización femenina.

 

- Entre 1979 y 85 surge un movimiento educativo que reflexiona acerca de las condiciones y características de la educación de niñas y niños y sus efectos sobre las mujeres, a la vez que empiezan las innovaciones y se definen objetivos de cambio a partir de los conceptos “educación no sexista” y “coeducación”.

 

- La tercera etapa entre 1986 y 1995 se establece con la LOGSE (1990), nueva legislación en educación que mantiene y amplía el movimiento de maestras y profesoras dispuestas a un cambio educativo y, a la vez, articula una política institucional a través de los mecanismos creados por la administración para impulsar políticas de igualdad.

 

 

Antes de zanjar el tema de la coeducación me gustaría poner de relieve una cuestión que cuando la estudié en su momento, me dejó perplejo, siendo los argumentos a favor, y los argumentos en contra de la coeducación. Según los argumentos a favor, nos encontramos con una triple concepción: el argumento económico, el argumento psicológico y el argumento social. Según el argumento a favor económico, se pone de relieve que gracias a la coeducación, el Estado y los padres y las madres se benefician, ya que por una parte el Estado no tiene que crear escuelas para niños y niñas; y los padres no tienen que pagar dos escuelas según el sexo. Según el argumento a favor psicológico, muestra que la coeducación equilibra las relaciones entre los niños y las niñas, rompiendo con concepciones desiguales entre ellos y ellas. Según el argumento a favor social, la coeducación es una anticipación positiva de la vida familiar, creando lazos de igualdad futura en esta.

 

Vemos hasta aquí como los argumentos a favor son positivos, pero los argumentos en contra, me dejaron sobrecogido, tal vez por su coherente validez relativa, tal vez por su mala concepción de la realidad de estos argumentos en contra, verdaderamente tristes.

 

Según el argumento en contra económico, sino existe la coeducación, las instalaciones deportivas y sanitarias serán más sencillas, y consecuentemente más baratas. Según el argumento psicológico, es positivo para los niños y las niñas que vivan en el aula homogéneamente (niños-niños / niñas-niñas), ya que favorecerá el desarrollo de su concepción de género. El argumento en contra social, defiende que si las niñas a partir de los once años se desarrollan no solo físicamente sino intelectualmente más rápido que los niños, es injusto que las niñas se tengan que acoplar al ritmo de los niños, cuando se pueden dar más de ellas (este argumento me llegó a convencer, pero reflexionando me di cuenta de que para algo sirve el trabajo didáctico individualizado). Pienso que los dos argumentos en contra (económico y psicológico, ya que el social me deja un poco confuso e imparcial), se “sacaron de la manga” por miedo a la “igualdad” que supone la coeducación, en una sociedad todavía interesada en las dinámicas machistas. Parece ser que la sociedad todavía no se da cuenta, de que si hombres y mujeres trabajan conjuntamente, el país se desarrollará con más prosperidad económica y cultural en un ambiente de bienestar social, siendo esto, algo que beneficiará a todos y todas.

 

Después de haber expuesto de la mejor manera posible una concepción general histórica, social, económica, política y cultural del desarrollo de la educación femenina, podemos concluir, o al menos dejar abierta premisas, sobre que el lugar que ha ocupado siempre la mujer en la sociedad ha sido en beneficio de lo que el hombre le ha querido conceder. Esta subordinación nace posiblemente de las antiguas sociedades guerreras, en función de una concepción de diferentes ámbitos de la sociedad, que posteriormente a favor del hombre, éste lo fue utilizando a su antojo y beneficio. A medida que evolucionamos en la historia hasta la actualidad, esa subordinación se explica con la “Teoría del Poder Familiar según los Recursos” (Blood y Wolfe), que defiende que el papel más importante dentro de una familia es el que individuo o individua que trae más recursos económicos a casa. ¿Cómo va a desempeñar la mujer un papel principal en la familia si su salario sigue siendo menor que el del hombre, y además muchas mujeres no trabajan? La solución está en promover, una política de igualdad en todos los ámbitos de la sociedad, incluido el psicosocial.